17 Enero 2011
Como ya os he comentado en otros artículos mi pasión por la pintura llega a limites de investigación insólitos he tocado casi todas las técnicas con mayor o menor éxito pero lo que me faltaba y he comenzado a trabajar en ello es en la pintura Digital apenas he dado unos primeros pasos se pueden hacer maravilla pero yo todavía estoy a años luz de realizar una buena obra, bajo mi punto de vista.
Aquí solo os muestro mis comienzos y poco a poco os iré mostrando toda la evolución de mi trayectoria, pues iré colocando toda la obras que baya realizando. Aquí encontrareis pinturas de todo tipo desde realismo con toque impresionista a lo mas abstracto .
Espero que os guste, aunque se que como en todas las materias abra gustos para todos, esta como os he dicho es una forma de pintar nueva para mi pero no me aparta de disfrutar, tanto como si estuviera ante una tela

Pintura Digital : Puesta de Sol

Pintura Digital : Paisage de Montaña

Pintura Digital Abstracta : Melodia en Rojo
Abstracto Digital : Locura de Amor

Abstracto Digital : La Reja de tu Ventana

Abstracto Digital : Horizontes Azules

Pintura Digital : Amanecer

Pintura Digital = Rama de Melocotones

Pintura Digital : Paisaje de Montaña-6

Pintura Digital : Paisaje-7

Pintura Digital : Bosque

Pintura Digital : Rio de Montaña

Pintura Digital : Puesta de sol Marinero

Pintura Digital : Parque de Marianao ( Sant Boi )
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29 Diciembre 2010

POR MANUEL LOPEZ
1962 Editorial Bruguera
26 cuadernillos
Dibujo Manuel Gago
Guión Silver Kane (seudónimo de
Francisco González Ledesma)
Han quedado bastante lejos los días en que se publicaban aquellos tebeos apaisados de nuestra posguerra, pero uno no puede sino revisar periódicamente algunos de aquellos títulos para pasar un buen rato. Y qué quieren que les diga, no acabo, Sin ánimo de ofender ni de jerarquizar, de acostumbrarme a los superhéroes ni al manga. Los tebeos de los que se habla y encabezan las listas de best-sellers, siguen, en su mayoría, el camino de dos o tres modelos explotados hasta el cansancio.

Hay en los tebeos clásicos de aventuras un halo ligado al exotismo y lo real maravilloso y un agrado que para mí no poseen los tebeos actuales. Sin ir más lejos "El hijo de las galeras", "El Diablo de los mares" o "El Espadachín Enmascarado". O cualquiera de los tebeos de espadachines, que hoy por olvidados, parecen anacrónicos. Había que dejarse seducir por las peleas, en teatros, castillos, en cualquier emboscada en el camino, localizaciones conocidas y esperadas, como lo eran los duelos.
Eran unos tebeos que hoy parecen clausurados, en extinción, como quizá yo como lector que, inhibido ante la avalancha de novedades de usar y tirar, no sé que comprar, no compro nada. Soy un lector desinformado por los medios que siempre hablan de los mismos y de lo mismo, y que defraudado prefiero releer a mis tebeos de siempre.

El Mosquetero azul
Hubo un tiempo en que los más jóvenes no les pedíamos a nuestros padres que nos llevaran a ver una película de terror o de efectos especiales, sino de aventuras, protagonizada por espadachines, damiselas en peligro o pistoleros del lejano Oeste. Sábado por la tarde, cine barrio, sesión doble (y continua). Ahí empezamos a ser felices con el género de aventuras, con el cine y los tebeos. Así, la aventura es un género adulto y perdurable.
El Mosquetero Azul fue uno de los muchos tebeos de capa y espada, genero muy en boga por la década de los cincuenta, bien nutrido de peleas memorables y perfectos villanos, cuya ironía y dinamismo la emparientan con otras que marcaron un hito en este tipo de tebeo de aventuras.
El Mosquetero Azul es una colección que por cuestiones económicas y por entablar una relación sentimental sumado a la cercanía de mi servicio militar, me llevaron a dejar de comprármelos, así que no fue hasta muchísimos años después, en una reedición, que pude leer la colección entera. Lectura que si bien no ha defraudado las expectativas que me había formado en mi adolescencia, tampoco las ha cumplido, quizá por lo precipitado de su cancelación. No obstante con El Mosquetero Azul recuperamos al mejor Gago. Gráficamente es uno de sus mejores trabajos, que conforma una pequeña muestra del talento y capacidad de este incomparable autor. Resulta sencillo apreciar lo que acabamos de decir en cualquiera de las páginas que conforman esta colección.

Manuel Gago fue un dibujante rápido, sus cualidades lo convirtieron muy pronto en uno de los artistas más requeridos del medio. Llegó a incursionar virtualmente en todos los géneros y demostró ser muy prolífico manteniendo una muy buena calidad media, como demuestra el listado de su obra. El estilo (de Manuel Gago resultaba inconfundible.)
Por otra parte, el buen entendimiento entre el guionista dan que todos los recursos del tebeo están bien empleados y puestos al servicio de lo que se narra, logrando la coherencia del relato. Puede decirse con propiedad que El Mosquetero Azul no pasa de ser una aventura sencilla, carente de complicaciones narrada con fluidez y sentido del humor. ¿El resultado?
Silver Kane logra el tono justo para su narración, la dosis de intriga necesaria… un lenguaje directo, ágil, sazonado con un irónico sentido del humor
Desgraciadamente a la vuelta de la esquina teníamos cercano un largo y oscuro túnel que nos sumergiría en un periodo de decrepitud. La década de los sesenta contempló una transición hacia otro tipo de historieta y la desaparición de los tebeos más emblemáticos.
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29 Noviembre 2010

Por Manuel Lopez
Concebida por Juan A. de la Iglesia y puesta en viñetas por Gago, la era prehistórica en que transcurren las aventuras de Piel de Lobo no es mas que un pretexto para crear un mundo fantástico, donde los hechos y personajes más inverosímiles son aceptados sistemáticamente como cotidianos, y en el que la imaginación del guionista se desata como pocas veces sucedió en los tebeos de la época.
Mucho más interés que el argumento en si, que transcurre en medio de las inevitables persecuciones y peleas, ofrecen los escenarios, detalles y personajes secundarios que dotan a todos los episodios de un carácter irreal: desde elementos de la mitología griega y egipcia hasta esquemas tomados de los cuentos de hadas, todo vale cuando el único objeto es, como aquí, sorprender. Así van desfilando los pueblos de los centauros, los hombres renacuajo, los genios, las rocas vivientes, los hombres insecto, las amazonas, los hombres morsa, los hombres topo e incluso el Minotauro y la Górgona, los cíclopes y un inacabado etcétera, acompañados de un sin número de monstruos igualmente fantásticos: hormigas y arañas gigantes, el perro cancerbero, la hidra de nueve cabezas, el canguro boxeador y los clásicos dinosaurios.
La magia es otro de los pilares de la fantasía de la serie, magia al estilo de los cuentos de hadas: transformaciones, conjuros, duelos entre sátiros y brujas, flores de los siete deseos, etc. Con todos estos elementos, la serie transcurre en un ambiente casi onírico, dotado de la sencillez e ingenuidad de los cuentos fantásticos, donde siempre cabe esperar una sorpresa más.

Este clima de ensueño alcanzará uno de sus puntos más altos en la aventura de Piel de Lobo en la dimensión de la Esfinges, a la búsqueda del fruto del árbol de la salud; aunque es difícil inclinarse por un episodio en concreto cuando tantos contienen hallazgos igualmente insólitos.
Piel de Lobo queda como una obra muy destacable dentro de los cuadernos de su tiempo, aunque un poco a mitad de camino de lo que hubiese podido ser en otras circunstancias de producción y realización.
De los noventa números que contó la colección, se dieron títulos tan inmensos como: El Mamut solitario, La roca que anda, Abismo sin salida, El brujo de las tres jorobas, Los arboles avanzan, o el Rapto de las libélulas.

"Piel de Lobo"
Editorial Maga - 1959
90 cuadernos
Guión: De la Iglesia
Dibujos Manuel Gago
El dibujo de historieta ha de ser dinámico, debe captar una instantánea en plena acción.
¿Y acaso éstos matices no están siempre presentes en su estilo? Unos dibujos sencillos, directos, sin trampa ni cartón. El dibujo de Gago en Piel de Lobo, es correcto y dotado de esa sensación de movimiento. Un dibujo que dentro de su aparente sencillez, se adapta a la historia como un guante a la vez que lo hace atractivo.
A la efectividad del dibujo hay que añadir la de la planificación de las páginas, que confiere el ritmo adecuado a la narración, y la elección de los planos que proporciona fuerza a la misma. Su habilidad para mezclar la realidad y la irrealidad, consiguiendo que ambos conceptos formen un conjunto indisociable por medio de una cuidadosa integración de elementos surreales.
El guión de A. de la Iglesia y el adecuado dibujo de Gago, consiguen hacernos real el irreal y fantástico mundo que sitúan en nuestra prehistoria. Una prehistoria plagada de los más insólitos e irreales personajes, que hacen de Piel de Lobo la más imaginativa y sorprendente colección de tebeos de su época.

A De la Iglesia debemos algunos de los mejores e imaginativos guiones de la historieta de la época: El Coloso, El Espíritu de la Selva, etc., pero es en Piel de Lobo donde plasma la más desbordante imaginación.
En Piel de Lobo se dan títulos tan inmensos que resulta difícil inclinarse por un episodio en concreto cuando tantos de ellos contienen hallazgos realmente insólitos
Lo expuesto hasta aquí puede dar una idea de la altura que alcanza esta obra, pero el acierto definitivo, lo que la convierte en algo especial es que consigue integrar esta suma de referencias en un cómic. Estamos ante un trabajo en el que lo fundamental es precisamente el desarrollo perfecto de una narración en forma de cómic.
Si tuviéramos que resumir en dos palabras la sensación que produce la lectura de esta serie diríamos que es apasionante, a medida que avanza la narración, te atrapa más y más de forma que casi no puedes abandonarla hasta el final.
El dibujante quizá hubiera podido emplear viñetas mucho más espectaculares, pero la impresión causada no hubiera sido ni de lejos la misma.
En cualquier caso. De hecho, y como resulta fácil de deducir de lo expuesto, Piel de Lobo es un tebeo que personalmente me agrada y que destaca dentro de los cuadernos de su tiempo, aunque siempre nos quede la duda de lo que hubiese podido llegar a ser en otras circunstancias de producción y realización.
Taim, Piel de Lobo - Gurú, el anciano mago - Buma la loba invisible y Luana la huérfana protegida de Piel de Lobo....... Pocas cosas son tan dignas de admiración como el poder de aquellos autores de posguerra para crear imágenes portadoras de una potencia sugestiva incombustible.
Al poder de esos dibujos en concreto, de esas escenas nos remitimos para subrayar a este autor, pudo, quizá no ser el mejor, pero es el que más nos hizo soñar. Y eso es algo que seguimos valorando enormemente.
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11 Noviembre 2010
Guillermo Cifré
Figuerola II

Por Manuel
Lopez
Dibujante y guionista / Traiguera, 1922 - Barcelona 1962, de él nos dice Jesús Cuadrado: Fue el más grande creador (junto a Vázquez y Coll) de toda la historia de la historieta Española de humor.
Somos conscientes de que la obra de este autor no puede resumirse, ni en unas pocas líneas, ni con una pequeña muestra de algunos de sus personajes. Por ello hemos querido centrarnos, básicamente, en uno de sus personajes: Cucufato Pí, para quien esto escriben uno de sus mejores personajes junto al Reporter Tribulete, Las Tremebundas Fazañas de Don Furcio Buscabollos y Amapolo Nevera
Cucufato Pi
O
el erotismo frustrado

Como ha señalado Vázquez de Parga en Los Cómics del Franquismo, es indudable que las limitaciones censoras impuestas a los tebeos en los años de posguerra no tuvieron, respeto a la historieta de humor, la eficacia deseada, y ello quizá porque el dibujo dislocado, el dialogo disparatado y el chiste final hacían impensable cualquier implicación ajena al gag desarrollado, conformándose así una voluntad testimonial que desgraciadamente empezó a perderse a partir de, aproximadamente, 1959 cuando la censura y una nueva generación de dibujantes irrumpe en el mundo de la historieta e impone una nueva visión del mundo y que culminó con el segundo gran hito de la primera en 1962, fecha de consumismo y desarrollo a través de la Comisión de Información y Publicaciones Infantiles y Juveniles.
No puede plantearse un estudio sobre la historieta de esos años sin tener en cuenta las condiciones sociales, económicas y políticas en las cuales se inscribe, en la que la arbitrariedad del poder dejó grabadas en nuestra memoria colectiva expresiones como: "No sabe usted con quien esta hablando", o "se va usted a enterar". La trasnochada educación que, desgraciadamente, nos impartían en aquellas escuelas nacidas al amparo del nacional- catolicismo que relegó a la mujer a la cocina y le reservó las interesantes tareas de coser, limpiar, procrear y rezar, en la nos preguntábamos muchas cosas que nunca nos enseñaron.

De la historia de España sabíamos lo de Don Pelayo, los Reyes Godos, Isabel y Fernando, un poco del dos de Mayo y ya pasábamos al Caudillo. Aquellas escuelas en que nuestras principales asignaturas eran Religión, Moral, Educación Patriótica, Catecismo, Cara al Sol, Montañas Nevadas y Viva España cada mañana. También algo de gramática, geografía y aritmética.
El sistema de censura previa, hizo que el Estado tuviera en sus manos todo el manejo de cuanto pudiera incidir en cualquier faceta relacionada con la cultura. Así pues la censura gubernamental, política, con respecto al contenido de los tebeos, y la censura social, extrapolítica, con relación al medio historietístico, en el sentido más peyorativo, llevaron al tebeo español a su propia autocensura, tanto por parte de los editores como de los propios creadores, siendo ésta más nefasta en las décadas de los años sesenta y setenta que en los cuarenta y cincuenta.
Como señala también Vázquez de Parga en Los Cómics del franquismo, uno de los mayores inconvenientes de esta censura oficial fue la carencia de una normativa precisa a la que hubiera de sujetarse la edición de historietas, pues los editores ignoraban hasta dónde podían llegar y desconocían lo que se les iba o no a prohibir con el consiguiente desconcierto que no sirvió sino para agudizar el mecanismo de la autocensura.

En nuestro país los tebeos han sido y siguen siendo un producto para niños, y desde este contexto su desarrollo y su evolución han devenido difíciles en extremo. Si bien lo cierto es que ya en los años cuarenta los cómics de humor, reflejaban una serie de situaciones que en modo alguno iban dirigidos a la infancia, y que captaron la atención de numerosos adultos, a pesar de publicarse en semanarios infantiles, estableciéndose, de este modo, una especie de complicidad entre el autor y el lector adulto. Sin embargo, las gentes bienpensantes han mantenido, y mantienen aún hoy, al cómic en la consideración de un subproducto deleznable.
Visto el sentido peyorativo que se le daba a la historieta autóctona, nos resulta mucho más meritorio el trabajo de estos autores, que dentro de las limitaciones a las que se veían obligados, fueron capaces de ofrecernos un retrato de la sociedad en la que les toco vivir, eso sí, en clave de humor.
En una sociedad en la que se imponían virtuosos criterios cargados de humanidad y catolicismo medievales, en las que se encarnaban las más tradicionales virtudes y bondades que el ser humano alberga en su alma... y un sin fin de etcéteras, en la que los personajes de historieta debían permanecer alejados de cualquier contacto carnal; sorprende, en cambio, que Cucufato Pi, Ángel Amor o Golondrino Pérez hicieran de la persecución de las representantes del bello sexo su razón de existir. Y esa persecución debe entenderse que no tenía por único objeto el admirar las estilizadas curvas femeninas que los humoristas tan astutamente sabían dibujar.

De los tres citados, queremos ocuparnos de Cucufato Pi, creación de Cifré y que fue quien obtuvo mayor popularidad como consecuencia, con toda probabilidad, de haber alcanzado una vida más prolongada.
Salvador Vázquez de Parga define a Cucufato como un señor bajito y feo, calvo, con espesas cejas y dos masas de cabello encima de las orejas. Enamoradizo a primera vista, siempre hacía objeto de su pasión a señoritas altas, curvilíneas, elegante encarnación de la belleza femenina de aquellos años. Cucufato pues se dedicaba al asedio de estos monumentos utilizando un lenguaje romántico y trasnochado mientras su alrededor se llenaba de simbólicos corazones que indefectiblemente acababan hechos pedazos ante el rechazo de su amor. Porque Cucufato era un reprimido sexual que cada semana trataba de superar su represión sin conseguir acabar con su enorme frustración erótica.
Para toda aquella generación que vivió la dura realidad de miedos y de hambre, donde se nos condenaba con las más pavorosas anatemas sobre el sexo, las aventuras y desventuras amorosas de Cucufato fueron como un soplo de aire que nos ayudaba a transgredir las normas que pretendían imponernos quienes nos gobernaban, quienes se enriquecían a costa de las penurias del ciudadano de a pie, de quienes actuaban con una doble moral, Cucufato Pi fue como un soplo de aire fresco y percusor del personaje, salvando las distancias, de los que tantas y tantas veces interpretaría Alfredo Landa.
Cifré fue uno de los grandes de la historieta de los años 40/60 junto a Peñarroya, Conti y Escobar. Luego vinieron Vázquez, Ibáñez, Raf, Nadal, Gin, Iñigo etc.
Guillermo Cifré Figuerola, nació en Traiguera (Castellón) en 1922 y murió en Barcelona en 1962. Cuarenta años de fructífera vida porque siempre fue un dibujante de imaginación rápida y trazo fácil, con una acusada personalidad.
Empezó a dibujar en el colegio creando una revista de cuatro páginas que vendía a sus mismos compañeros, para poder comprar más papel y lápices de colores, lo que ya nos da una idea de la personalidad del autor.
Su primer contacto con la Editorial Bruguera lo tuvo los quince años, cuando con su carpeta debajo del brazo visitaba a don Francisco Bruguera en la calle Mora la Nueva, para mostrarle sus dibujos. Muchos de ellos se quedaban allí.
Así fue creando personajes que se hicieron famosos rápidamente. Don Furcio Buscabollos, caballero medieval, que hablaba en un pseudo Italiano, El Reporter Tribulete, que en todas partes se mete, y Amapolo Nevera, un tipo muy enamoradizo, que eran los tres personajes con los que Cifré se sentía más a gusto, de los que creaban historietas más divertidas, porque Cifré era su propio guionista. Don Tele fue un personaje precursor; comenzó a publicarse cuando en España no se había instalado, todavía, la televisión.
Pero sus aficiones artísticas no se limitaban únicamente a ser “ninotaire”, sino que gran aficionado al campo salía muchos domingos para pintar al óleo. También le gustaba pintar acuarelas y hacer dibujos al carbón y participó, como cabeza de serie, en las películas de dibujos animados que se realizaron en los Estudios Chamartin, de Barcelona.
En los meses de otoño, Cifré con sus inseparables Escobar y Peña (termino cariñoso con que llamaban a Peñarroya) se iban a buscar setas. Y regresaban con buenos cestos repletos de rovellones.
Dibujó también chistes para Inglaterra y Alemania, a través de agencias. En España, aparte de las historietas que dibujaba para los tebeos de la Editorial Bruguera (Pulgarcito, El DDT, Campeón, Tío Vivo, etc.) colaboró en revistas y diarios deportivos, ya que era un gran aficionado al fútbol. En la revista “Dicen” publicaba cada semana una tira “Don Césped”, sobre incidencias de los partidos en las que muchas veces aparecía él mismo, autocaricaturizándose. Colaboró también en otras revistas como “Glosa” etc.
El primer personaje que publicó en Bruguera data de 1947 y fue Artemiso Cañaveral. Además de los personajes ya mencionados creó Cucufato Pí, Rocín y Pilón (media página), Cepillo Chivatez, Golondrino Pérez, El sabio Megatón, etc.
También dibujó tiras y chistes sobre personajes como “Vagancio”, y “Rosalia”.
Las historietas de Cucufato, de carácter más o menos testimoniales, que se limitan a reflejar con cierta dosis de ironía la realidad circundante, evidencian un espíritu que no se reduce al simple testimonio, que trasciende más allá, que expresan los verdaderos sentimientos subjetivos de la represión sexual a la que se quiso someter a todo españolito manteniéndonos alejados de cualquier contacto femenino fuera de la sagrada institución matrimonial.
La bestia viva que fue durante cuarenta años la censura franquista, cuidó cuido de tapar ombligos, besos, rodillas, muslos y todo cuanto fuera epidermis femenina que pudiera atentar a la moral católica de los adolescentes españoles. Los tebeos fueron masacrados con su absurda intervención, mutilando originales, había que cuidar muy mucho de evitar el peligro de los pecados de la carne.
Es por todo ello, lo que hace que no encontremos palabras para expresar la admiración que su obra nos merece. Cada día que pasa, creemos más y más que Cifré, al igual que muchos de aquellos artistas, fue demasiado grande para el tiempo que le toco vivir.

Cucufato Pi
Cucufato surge de la combinación de la voluntad y capacidad narrativa con la que Cifré lo provee, y con un cierto deseo de influir de algún modo en la conciencia del lector adolescente, ya que Cucufato es alguien que se enamora a primera vista. Así pues sus aventuras y desventuras consistían en el asedio constante a las espléndidas féminas salidas del lápiz del autor.
Habrá que reconocer que en una buena parte de las situaciones de las historietas de Cucufato, están realizadas con pretensiones eróticas a las que la imagen curvilínea de las distintas féminas se prestan con generosidad.
Sin embargo esta persistencia de un mismo tema no debe ser identificada como monotonía o pobreza de recursos. Al igual que ocurre con otras formas expresivas, tan sólo pretende adaptar sus mensajes a las posibilidades materiales de los ingredientes sobre los que se fundamenta.
Leer hoy día las primeras historietas de Cucufato, supone encontrarse con un mundo en que es violada impunemente la férrea censura de la época.
Si de entrada admitimos, que en su gran mayoría, los dibujantes y guionistas que han pasado o que han construido la historia de la historieta humorística de posguerra, poseían una sensibilidad especial para captar la realidad social en la que se hallaban inmersos, debemos admitir también, que dicha sensibilidad fue cercenada de raíz: censura interna al dibujante, externa la proveniente de la editorial o del estado, quedando descartados aquellos mensajes que entraran en conflicto con lo que la clase dominante entendía por realidad evidente en sí misma, es decir, quedaban descartados aquellos signos cuya función de sentido sea conflictiva con la ideología dominante.
Esto supuso que poco a poco las historietas de Cucufato fueran perdiendo su garra inicial hasta su desaparición como personaje y como historieta. A este proceso irreversible de degradación se deben la infinita banalidad y estupidez en que acabaron convirtiéndose los tebeos de humor autóctonos.
Por lo que no tiene sentido culpar ni malgastar esfuerzos en acusar a algunos autores de la época que no hicieron sino reproducir lo que los modelos ideológicos demandaban
Debemos entonces concluir que todo lo que pudieran tener de subversivas aquellas historietas, se perdió cuando se las obligó a perpetuar el orden de cosas existente. Pero cuando menos tuvo un principio de asombrosa vitalidad. Sus primeras historietas fueron, naturalmente, las más eficaces respecto a las posibilidades testimoniales del personaje.
La eficacia de la censura para eliminar todo rastro de crítica social, y no digamos ya política, fue algo bien conocido por les profesionales del tebeo posbélicos. El que junto con la crítica social pudieran desaparecer también el interés, la estética o el ingenio, es algo que se supuso secundario. Lo realmente importante fue que el niño, el adulto no sufriera una impresión desagradable.
Creo que lo dicho hasta aquí sirve perfectamente, si lo acotamos adecuadamente, para que nos hagamos una idea de las dificultades que tuvo un medio expresivo como la historieta en nuestra posguerra. Hubo aún así una historieta española de auténticos logros. Historieta de la que Cifré fue uno de los más firmes puntales y que estuvo a la cabeza en el difícil genero del humor, genero que dominó a la perfección, sin recurrir a elementos ajenos al contexto elegido como referente
Debíamos este apunte sobre este gran autor que llenó con su peculiar estilo toda una larga etapa del tebeo español. Atrás, pero no en el olvido, sino hondamente calados en una conciencia individual y colectiva, quedan los inolvidables personajes que creó para nuestro solaz entretenimiento.
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8 Noviembre 2010

Por Manuel Lopez
En 1958, se publicó el primer número de una nueva colección, lanzada por la Editorial Bruguera: El Jabato. Fue una mas que agradable sorpresa y enseguida nos sentimos subyugados por el personaje
De las muchos tebeos por entregas, es decir esos tebeos que no llegaban al lector en una obra completa, sino por capítulos en el Típico cuadernillo de 10 páginas, que se publicaron en nuestra posguerra, mereció especial aceptación El Jabato de V. Mora al guión y F. Darnís al dibujo.
Aunque El Jabato, puede ser considerada como una obra menor frente la inmensa popularidad de otro personaje que se publicaba por los mismos años: El Capitán Trueno, no es ni mucho menos una obra inferior, todo lo contrario. Incluso me atrevería a decir, que en algunos aspectos es superior a ésta.

Nuestra posguerra fue una etapa difícil y contradictoria del arte y la cultura en España, y ello desde una perspectiva interdisciplinar que no eluda la interrelación de los diferentes campos de la creación.
Analizando la historia de la historieta española, vemos claramente como hay un surgimiento de autores españoles durante los años 40/60. Con anterioridad el mercado español de tebeos se venía manteniendo, mayoritariamente, con producciones de otros países.

El tebeo que aquí recordamos reproduce todos las virtudes (y los vicios, que también las tiene) constantes en el tebeo de la época. No obstante El Jabato supuso un soplo de aire fresco para el lector, aunque ciertamente el argumento no resulte realmente complejo, ni el autor tuvo intención de que lo fuera, Víctor Mora construye esencialmente un gran divertimento plagado de absoluto dinamismo. Si las ideas no son especialmente profundas o renovadoras (salvo deliciosas excepciones), el interés no decae gracias a la celeridad a que se suceden los acontecimientos.

A pesar de que algunos puristas sientan un escalofrío al oír estas palabras, la historieta es un arte con todas las de la ley, y por tanto sujeto a todos los lineamientos que puede tener uno de ellos. La historieta, como arte serial, le debe mucho al cine, por lo que no debe de resultarnos extraño que muchos de sus géneros guarden mucha similitud con los originados del séptimo arte. Las formas que puede adquirir el arte de las viñetas son las siguientes, sin seguir ningún orden específico.
Como ha pasado con todas las manifestaciones en serie del arte humano (cine o literaturas, por ejemplo), los tebeos se fueron segmentando en diversos géneros, cuya única diversificación se debió pura y exclusivamente al interés popular. Digamos que los principales géneros fueron: románticas, western, guerra, detectives, agentes secretos, terror, ciencia-ficción, de romanos y el medievo. Y es muy probable que cualquier persona, interesada mínimamente por la literatura de tales géneros hayan leído alguna vez uno de estos tebeos.

Estos son los géneros básicos, de los que se desprenden a su vez tal cantidad de subgéneros, que sería imposible listarlos a todos. Por otro lado, generalmente las historietas se clasifican por el aspecto que más domina en ellas, pues es muy raro encontrar una obra "pura". En El Jabato, por poner un ejemplo, es una de las grandes obras de nuestra historieta, al narrar sus aventuras cuenta con una gran cantidad de tintes de ciencia-ficción.
Convengamos que en su gran mayoría (no conviene generalizar) la calidad de los tebeos dejaba mucho que desear. Esto es lógico, en vista de que eran productos en serie, y que sus autores no intentaban realizar ninguna manifestación artística (afortunadamente tampoco tenían pretensiones de ese tipo).
Recorrer, hoy, las páginas, los textos de El Jabato es encontrase inmerso en un relato de aventuras repleto de magia. El dibujo de Darnís se adapta como un guante de goma a la historia, a su guión, proporcionándole a la puesta en página todo el atractivo que un dibujante puede ser capaz. Donde Darnís se muestra más vigoroso es en el ritmo narrativo, que como de costumbre en el autor, aparece como impecable, y la acción se dosifica con sabiduría.

Uno de esos "olvidados".
Desde que su firma comenzó a aparecer pronto se hizo familiar a sus lectores. En cambio, los estudiosos (que surgirían más adelante), inexplicablemente eligieron ignorarlo... Darnís terminó siendo uno más de esos "Grandes Olvidados" que la injusticia humana, o algún inescrutable designio del destino, relega a una oscuridad incompatible con sus méritos. Creador de sueños en otros tiempos menos cínicos, nos ha legado una obra singular, irrepetible y tan reacia a la clasificación del erudito como al olvido de su legión de incondicionales. Hay autores que gozan de una reputación de “artista” en toda regla, mientras que el trabajo de Darnís no pasa de ser reconocido como una aportación artesanal.
En el Jabato, Darnís narra tan eficazmente, sin necesidad de textos, que quizá se echen de menos más silencios y planos generales útiles como pausa en esta historia. Esta obra soporta magníficamente el paso del tiempo, es un tebeo aún vigente, siempre fresco.
El Jabato es a esta altura objeto de culto para todos aquellos que adoramos el auténtico tebeo, aquél que nos entretiene, nos divierte y nos hace pasar un buen rato. Naturalmente se trata de un producto catalogado como subproducto por los exegetas del séptimo arte (los "entendidos" que idolatran los tremendos ladrillazos que cuanto más absurdos e incomprensibles mejor). Por supuesto a nosotros nos importa un bledo la opinión de éstos. A un tebeo no le pedimos que nos sumerja en profundas reflexiones sobre la ontología del ser, sino algo mucho más difícil: Que nos entretenga. Sea como fuere, lo cierto es que los tebeos (o las historietas) de El Jabato tuvieron al menos en su día una tremenda popularidad.

A pesar de los aspectos positivos que pueda tener el tebeo actual, que los tiene, uno no puede por menos que añorar aquellos viejos tiempos en el que leíamos un tipo de tebeo que sin pretenciosidad alguna, configuro un lenguaje propio a la hora de contar historias.Sirvan estas líneas como homenaje a la frescura y modernidad que aún hoy mantiene El Jabato para el aficionado
A partir de 1970, el Tebeo Clásico Español pierde fuerza de convocatoria para el público. Llega la televisión y la imagen acorrala a la narrativa impresa. Los viejos autores encaminan su trabajo a otros medios y los sueños se sirven a domicilio a través de una pantalla de cristal. En adelante los antiguos tebeos amarillearán sus páginas solamente en los anaqueles de la nostalgia.
Es también en esta década. cuando los editores españoles homologan sus formatos con el resto de Europa y desaparece el típico cuadernillo (17 x 24). Con él se cierra la etapa histórica más larga e interesante de los tebeos españoles.
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22 Octubre 2010

Tesoros del ayer
Por Manuel Lopez
Estas páginas se justifican, sin grandes esfuerzos retóricos, como simple espectáculo con el que se posibilita la recuperación de realidades tan cercanas en el tiempo, y se transforma en algo tan sencillo como el repaso del álbum familiar hojeado por las primeras páginas, o tal vez, la visita al desván plagado de objetos que se encuentran almacenados y que al reencontrarnos con ellos quedamos sorprendidos.
Con estas páginas he buscado la posibilidad de que, por un momento, rotas las barreras del espacio y del tiempo, el lector se encuentre en un lugar imaginado, en el que conviven nuestros héroes infantiles y en definitiva nuestros sueños de niñez.
La primera consecuencia que debo sacar de mis páginas, será la de haber conseguido lo que pretendo en cuanto a la impresión del lector y que no es otra cosa que un mayor interés por nuestro pasado cercano, junto con el reforza-miento de nuestra propia identidad cultural. Sabemos que muchas cosas que podían haber sido en esta ocasión de gran utilidad han desaparecido, sería imperdonable para nuestras generaciones que, en una época en la que la huella documental de nuestro paso por la vida es más abundante que nunca, la inconsciencia permita que se borre o desdibuje.
La necesidad de su recuperación se debe, a mi juicio, a que constituyen una llamada al inconsciente, para unas formas de vivir hoy imposibles, pero en las que participamos con la imaginación. La impresión de estas páginas han sido concebidas como un pequeño oasis, en el que por el momento se preservan aquellos tebeos que en él han encontrado abrigo, felizmente han escapado a la destrucción e impaciencia de los que fueron niños propietarios, así como al más peligroso agente de destrucción:LA INDIFERENCIA.

Sobre una
aproximación
A la Revista
del Coyote
Nuestra infancia fue de pobreza lindante con el hambre y estraperlo. El barrio, para nosotros, desempeñó un papel esencial en nuestra inserción posterior en la vida, en nuestro temperamento, en nuestra manera de orientar las ideas y la vida.
En nuestra época, la calle era el lugar de la sociabilidad, de los juegos.… Allí se pasaba mucho tiempo, mucho más que en casa, mucho más que en la escuela."
Durante la infancia y la adolescencia si leía tebeos. La lectura engancha, y cuando descubres la maravilla de leer te vas metiendo en el hábito.

La fascinación que nos producían aquellos tebeos, el hipnotismo que esos mismos tebeos nos construían, facilitaron que, ni por un instante, nos cuestionáramos las carencias que padecíamos.
La fantasía cultivada por la historieta encontró siempre al héroe perfecto que debía encarnar intempestivamente y audazmente en la imaginación el lector para quien ese héroe constituía su aspiración quebrantada por la diferencia que se produce entre la ficción y la realidad.
El Coyote es uno de los tebeos que leímos y que cuenta, aún hoy, con numerosos fans.
Hemos leído muchísimos tebeos cuando éramos pequeños, pero creemos que son registros diferentes. El Coyote fue un tipo de tebeo de aventuras media-larga, con ciertos guiños al humor.
El Coyote lentamente va haciendo crecer su estilo, toma un estilo propio convirtiéndose en una de esas publicaciones que destacan por su calidad; tanto desde el punto de vista temático como del tratamiento de personajes, y todo ello durante cientos de paginas

Nombres como A. Blasco, V. Roso, García Lorente, F. Darnís, Ripoll, Hidalgo, etc. se daban cita ya desde sus primeras páginas que desembocarían en la edición de personajes tan relevantes como "El Encapuchado", "Jinete del Espacio", Kay y El Lagarto Humano, entre otros muchos, unos héroes que son fundamentales en la ya larga historia del tebeo español.
No es la primera vez que escribo acerca de "El Coyote" y siempre lo hago con pasión porque es así como leo estos tebeos. Humor, intriga, espías, acción, muertos, un entorno apropiado y un desenlace inesperado, son ingredientes que hacen a un tebeo ameno, divertido y muy agradable de leer. Lo cierto es que siempre estabas pensando en que pasara en la siguiente página, que nueva historia nos va a contar…. Te enganchaba con su particular estilo.
En muy poco tiempo años El Coyote se ganó, incuestionablemente, un lugar destacado entre las formas populares de entretenimiento.
"Estos héroes míticos son parte irrenunciable de nuestro patrimonio cultural colectivo. Gracias a ellos, muchas generaciones aprendieron a leer y, lo que es más importante, a soñar".
La historieta de esos años: presentaban personajes con los cuales los lectores se podían identificar mantenían un adecuado equilibrio entre realidad y fantasía; conseguían entretener a través del humor y la acción, con unos dibujos no exentos de calidad, si no todo lo contrario.
Una historieta industrial en los años cuarenta, que llega con éxito hasta mediados de los sesenta, que entra en crisis al coincidir con las emisiones de televisión. Los años siguientes serían de crisis econó-mica y emigración de dibujantes locales.
No pretendo hacer una reseña complicada, con textos espesos. Además de no estar preparado para ello, creo que la historieta está hecha fundamentalmente para verla y para recrearse un poco en ella.
Yo trato de involucrarnos en lo que me tocó vivir y reflejarlo en mis comentarios. Esto nos diferencia de lo que es el aparente boom de las publicaciones sobre historieta, , ya que a través de éstas se está llegando a sobreinformación del ‘manga’japonés y, sobre todo, se intenta definir a la historieta como si fuera sólo un problema de superhéroes”. Si bien es cierto que el mundo del tebeo es mitómano, y a los lectores nos hace mucha ilusión hablar cuatro palabras de nuestros dibujantes preferidos o de las series que más nos gustaron.

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16 Octubre 2010
Audaces Legionarios
(Capitán Rey) 1958
Dibujo : Leopoldo Ortíz
Guión : De la Iglesia
Editorial Maga -
42 números
Por Manuel Lopez
Si a los tebeos en el franquismo, ( que no del franquismo, ) se les ha acusado, en su mayor parte, de estar asentados sobre el trípode ideológico inamovible que constituían los conceptos de raza, religión y patria, en Audaces Legionarios estas premisas parecen conjugarse hasta confundirse.

En una primera lectura de esta serie, podría afirmarse que no es más que un resumen de las directrices conceptuales del régimen franquista, con un valor propagandístico muy superior a la prensa del movimiento
Pero escribir sobre los tebeos de posguerra requiere un ejercicio de adecuación, hay que verlos con la perspectiva de aquellos años. Audaces Legionarios nace en el año 1958 en plena crisis militar en el Sahara Español, en el año anterior (1957) se había producido los combates en Ifni, si a ello unimos que en el subconsciente de la mayor parte del colectivo español siempre se ha tenido claro, y esto desde siglos, que el moro del sur ha sido siempre un potencial enemigo, sin olvidar además, que el estado asentado en el poder, en buena parte se había construido con el esfuerzo de tropas moras del llamado ejercito nacional.
Prensa y radio se hacían eco de los combates de nuestro ejército con los insurrectos moriscos instigados por Marruecos, país que se había declarado independiente en 1956. Son, probablemente, la suma de todos esos factores lo que propició la aparición de la saga del Capitán Rey (Audaces Legionarios), sin más aspiración que aprovechar una coyuntura que le era propicia para el favor popular y el éxito económico para la Editorial.
Lógicamente, las editoriales de cómics, siempre atentas a cualquier posible filón, no podían dejar pasar la oportunidad y así comenzaron las aventuras de Audaces Legionarios (Capitán Rey).

Lo que nos cuenta la serie, no tiene relación alguna con lo acaecido en la guerra del Sahara Español, las aventuras que se nos relatan son extrapolables a cualquier serie de las que se publicaban en esos mismos años, solo que con los legionarios por protagonistas.
¿Cuál es el arranque de la serie del Capitán Rey? Nos encontramos en la posición de Sidi Araf que se encuentra cercada por los moros insurrectos, aquí conoceremos al Capitán Carlos Rey, al hercúleo sargento Matamoros y al adolescente corneta Basilio, los principales protagonistas de la saga, posteriormente conoceremos a Elvira, la prometida de nuestro héroe. La mujer, al igual que en la mayoría del tebeo posbélico, queda relegada a un lugar secundario con relación al hombre al que con su espera, debe alentar en la realización de sus hazañas, véase la resignación con que ésta acoge los continuos aplazamientos de su boda con Carlos Rey, boda que siempre se ve demorada, cuando no por sus continuos raptos por parte de los villanos, por las misiones encomendadas al héroe de la serie.
Tras el éxito del Capitán Trueno, toda la narrativa juvenil de posguerra, solía estar protagonizada por el trío Héroe-forzudo-adolescente, con ello se logra introducir en el argumento una nota festiva, una pincelada de humor. Audaces Legionarios es rica en rasgos humorísticos, con un tono desenvuelto que logran des dramatizar hasta las situaciones más dramáticas. Ello corre a cargo del Sargento Matamoros, apoyado en algunas fases de la saga por el legionario apodado “El Andaluz”. El personaje del sargento Matamoros tiene momentos realmente brillantes de imaginación y de iniciativa, con intervenciones realmente afortunadas.
Hacia la mitad de la colección, después de que hayamos conocido la historia de Carlos Rey, del sargento Matamoros y los motivos que les llevaron al banderín de enganche de la legión, la serie poco a poco va abandonando los postulados iniciales, alejándose del marco del desierto y de la lucha contra los insurrectos musulmanes, entremezclándose aventuras de intriga y espionaje, para finalmente adentrarnos en unas aventuras de más puro corte fantástico donde encontraremos hombres-gorila, monstruos prehistóricos, pigmeos, gigantescas y venenosas arañas, nos encontraremos con Roma Nova, restos del antiguo imperio romano gobernada por el tiránico Croton, flores asesinas, etc., donde queda patente la desbordante imaginación de De la Iglesia, quien en 1959 nos ofrecía uno de los mas imaginativos guiones del tebeo español de posguerra: “Piel de Lobo”.

El dibujo es bueno, la narrativa y la planificación mantienen la velocidad y el ritmo característico de la llamada Escuela Valenciana; Leopoldo Ortíz dosifica sabiamente los ingredientes para mantener la tensión en todo momento, siendo las peleas todo lo entretenidas que cabe esperar de un tebeo de estas características. En general todas las secuencias están excelentemente resueltas.
El guión no es nada farragoso, tal y como ya hemos apuntado, está lleno de situaciones increíbles, con unos personajes que apoyan lo que se nos cuenta, haciéndole creíble para el lector.
Resumiendo: Audaces Legionarios (Capitán Rey) es un entretenido tebeo que se lee con agrado.
servido por silvepintor
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9 Octubre 2010
Ficha Técnica
Arizona (S. de Aventuras) 1959
Dibujo: Armando
Guión: Varios:
(R. Acedo, B.Bañolas, Sesén, Retamosa)
Editorial Toray – 41 números 17x24
Es y ha sido una constante en la historia de las imágenes en nuestro país, no valorar, por no decir ignorar, los trabajos de una serie de autores que merecerían un reconocimiento superior al de otros muchos mas encumbrados.

Este es sin duda el caso de Armando quién desde que se hiciera cargo de Jeque Blanco (1951), en sustitución de Laffond, pasando por Mendoza Colt (1955), donde también sustituyó a Martín Salvador, hasta la realización de Arizona (1959), demostró, sin casi altibajos, una regularidad que no era lo habitual en la mayoría de los dibujantes de la época dado el sistema en que estaba basada la industria del tebeo, que exigía resultados pero no estética. Las exigencias industriales solo pedían al dibujante un determinado número de páginas e unos plazos y condiciones previamente fijadas. En estas condiciones tan poco propicias para el lucimiento artístico, Armando, y eso es obvio, mantuvo un nivel más que digno, destacando, de manera sobresaliente, en la ambientación y el dibujo del caballo. Los caballos de Armando son estilizados y esbeltos, adoptan características propias del hermoso caballo árabe.

Los trabajos de Armando resultan fáciles a la hora de su estudio, basta dejarse llevar por la vía de la contemplación lenta y cuidadosa. Asomándonos a sus trabajos encontramos armonía y orden, un dibujo agradable en el que la dinámica en la planificación y en el montaje, sobre todo en las escenas de movimiento, logra establecer una intensa dinámica secuencial. La aportación de Armando al tebeo nacional no ha sido todo lo valorada que merecía.
Armando nos da en esta serie una versión un tanto idealizada del viejo Oeste americano consiguiendo una brillantez inusitada, tanto en el aspecto gráfico de fondos como en el de la ambientación. En este escenario galopan Arizona y su fiel acompañante Dinamita. Arizona es el prototipo de héroe tradicional. Es un jinete errabundo, no tiene misterio, sus aventuras no parecen increíbles, no resultan inverosímiles. El tema de la colección no tiene nada de novedoso y original, casi podría resumirse diciendo que la llegada de nuestro protagonista, cumple decisivamente con la pacificación de un grupo revoltoso que lleva en vilo la tranquilidad de una comunidad. Hay largas cabalgadas, luchas, secuestros, persecuciones, elásticos saltos, tiroteos, muertes, etc.
La presentación de las aventuras de Arizona y su inseparable Dinamita en un episodio completo, que evidentemente limitan su acción y desarrollo, es donde, paradójicamente, nos encontramos inmersos en la inmensidad del salvaje Oeste con todos sus tópicos novelescos, consiguiendo aparte de un impactante realismo, en que el forastero, en este caso nuestros protagonistas, sigan siéndolo y a ser posible que se marchen con su caballo a otra parte, es siempre la historia que vuelve a ser contada con escasas variaciones entre galopadas, disparos y estampidas. Pero había que saber desarrollarlo y llevarlo a buen término. Y Armando supo hacerlo.
En lo que se podría denominar segunda parte de la serie, en su nº 24, se inician las nuevas aventuras de nuestros protagonistas donde la acción será continuada en varios episodios. Estas nuevas aventuras nos trasladan a Méjico, donde Arizona y Dinamita colaboran con Juárez en su lucha por la liberación de Méjico contra Maximiliano, sin que lo que se nos cuenta, tenga relación alguna con los hechos históricos acaecidos en la lucha de los mejicanos por la independencia de su país.
Finalizada la aventura de Juárez y Maximiliano, nº 30 de la colección, la serie da un giro hacía la aventura fantástica, con ciudades perdidas y tesoros ocultos, elejándose de los escenarios que configuran la mítica del western, así hasta la finalización de la colección en su nº 41.
En resumen una historieta entretenida, cuya principal virtud es la honestidad y el respeto al lector y en la que los caballos de Armando son lo mas sobresaliente y gratificante de la saga.
Resulta evidente que en Arizona los aciertos de realización superan, en mucho, a los del guión, es desde luego el arte personal de Armando con el movimiento que emanaban sus caballos y con el “punch” de la acción narrada, lo que mereció catapultar a esta serie hacia unas más elevadas esferas de popularidad
Manuel López

A todos cuantos amamos aquellos entrañables cuadernillos de posguerra, se nos ha venido repitiendo una y otra vez que el tebeo, en la época franquista, fue en su mayor parte mediocre, silenciándosenos que también lo fue cualquier manifestación cultural que se me señale y es que el truco no es otro que el de perspectiva crítica.
A falta de una iniciativa institucional, que es la que debiera hacerse cargo de la tarea, por mi parte quiero ir recuperando algunas obras y autores que forman parte de la historia de nuestros tebeos. Desde este punto de vista, el rasgo más polémico ha sido siempre el de la elección de las obras o autores. No conozco toda la ingente cantidad de tebeos que se publicaron en aquellos años y tampoco a sus autores o guionistas, por lo que me limito a tratar a cuantos tuve ocasión de conocer.
Fue una lastima que el cuaderno de aventuras de los años cincuenta lo ahogasen entre todos (censura etc.) ¿Puede resurgir? ¿Habrá algún editor con agallas? Hoy traigo una serie que, injustamente, no conoció el éxito que, en mi opinión, debiera haber tenido.
Un trabajo
concienzudo
ARIZONA
El dibujo de Armando puede gustar o no, pero no deja indiferente. Quizá sea cierto el que no haya realizado ninguna obra maestra, pero Arizona es un excelente tebeo, aunque su precipitado final le reste algo del valor inicial.
Armando tuvo que bregar con una maldición particular, la de ser siempre considerado un segundón ante la descollante pléyade de brillantes autores coetáneos, acusación especialmente injusta pues si bien es innegable que entre ellos existían similitudes de temática y estilo, también lo es que en ciertos aspectos -el gráfico y el narrativo especialmente- Armando supera a muchos de ellos.
Es hora de una vindicación en toda regla de su obra. Su gran dominio del caballo en movimiento le acredita como uno de los grandes dibujantes de la posguerra española.
No estamos ante una obra redonda. Pero tiene cualidades y no pocas. Veamos: Ya conocíamos a Armando dibujante (Jeque Blanco y Mendoza Colt) y aquí no nos defrauda. Mantiene el gusto por los escenarios rigurosamente definidos. Es detallista, sin resultar cargante, con un dibujo narrativo del que podemos decir que consigue plenamente su objetivo: hacer creíble lo que se nos está contando.
Aunque el guión pueda no ser especialmente profundo o renovador, recorrer las páginas de Arizona es encontrarse sumergido en aquellas, otrora, populares novelas del oeste donde el dibujo de Armando se adapta como un guante de goma.
Armando explota el atractivo de lo establecido, de las cosas hechas a la vieja usanza y como Dios manda, de las historias contadas con un solo propósito, sin dobleces ni ironías. Su dibujo está completamente al servicio del guión, y todo intento de efectismo es abandonado al servicio del proceso narrativo, parece plenamente consciente de lo que está haciendo y por qué lo está haciendo, y esa convicción insufla vida al tebeo y restaura con efectividad parte del aura mágica que siempre debería desprender cualquier historieta.
En resumen, un trabajo concienzudo que se ve justamente recompensado por el óptimo resultado de la obra.
No es preciso insistir en que circunstancias endémicas se hallaba la historieta española íntimamente relacionadas con el tránsito desde un régimen dictatorial, por lo que respondiendo a las típicas características del cómic español de los años cincuenta, los personajes principales se no muestran asexuados (misóginos)
Armando ha sido uno de esos autores cuya obra no ha sido suficientemente valorada y que debería empezar a conocer una revalorización. Todos los aficionados que conocemos opinan que fue un dibujante excelente

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